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La boda de mi mejor amigo

Desde que me enteré de que se casaba, sabía que algo sería distinto, no solo porque mi mejor amigo es un poco “loco” y le gusta hacer todo diferente, sino porque había frases peculiares en su invitación, como por ejemplo: “Nuestra boda estará #BienPincheRica”.

Así que seguí todas las instrucciones: vestido campirano, botas vaqueras y sombrero de cowboy —para quien quisiera—; ganas de compartir con ellos uno de los mejores momentos de su vida, y otra de las frases divertidas: “ven con apetito y ganas de chuparte los dedos”.

Y sí, yo ya había ido a comer muchas veces a Pinche Gringo de la Narvarte, pero no sabía que tenían uno nuevo por Polanco. Así fue que conocí Warehouse. ¡Qué lugar!

El gran día de la boda llegó y desde la gran entrada, la gran marquesina de ese gran espacio (la presencia repetida de la palabra “gran” es a propósito) que fuera una fábrica de hebillas mostraba los nombres de los novios. Al entrar me encontré con más sorpresas: sobre todas las mesas había flores, flores y más flores, mientras que de un caprichoso candelabro de madera en el centro del salón emanaba una decena de luces cálidas que se mezclaban con la música folk de una banda en vivo sobre el escenario.

Parecía que al cruzar la puerta de Warehouse, de pronto hubiésemos viajado en modo exprés al interior de alguno de esos increíbles joints texanos de BBQ. Ya sabes, esos muy bonitos en los alrededores de Austin, que mezclan lo chic con lo tradicional y con lo comfy, donde lo importante es la experiencia, compartir con todos aquellos que quieres y pasar momentos que no olvidarás jamás, pero además con un extra something: BBQ, el más delicioso de todos.

Hagamos un breve recuento: mi mejor amigo de toda la vida se casó, su fiesta fue en Pinche Gringo BBQ Warehouse, el código de vestimenta fue campirano. Un par de bandas de folk, country y bluegrass estuvieron a cargo de ambientar, de ponernos a bailar, cantar y hasta llorar cuando tocaron la favorita de los novios, esa increíble canción de Trampled by Turtles, “Alone”. Los invitados tuvimos la libertad de sentarnos donde quisimos, y para hacer de esta boda algo todavía más especial…

La cena imitó al servicio regular de Warehouse, de tal forma que cada invitado cenó cuando le apeteció, eligiendo entre los clásicos que han hecho de Pinche Gringo BBQ el mejor lugar de la ciudad para saborear carne ahumada a través de procesos artesanales inyectados de dedicación y amor.

Jamás hubiera pensado que un restaurante como este podría convertirse en un lugar mágico para celebrar una boda, sin embargo, hoy puedo decir que ha sido una de las mejores a las que he sido invitada. Ser diferente y compartir con tus personas favoritas esta experiencia, es sin duda algo que todos debemos vivir alguna vez.

¿Que si he regresado a Warehouse? Por supuesto que sí, para mi ese lugar es donde las cosas suceden, donde el amor se cocina con paciencia y dedicación, donde comer se convierte en un momento placentero que toca cada uno de tus sentidos.

 

 

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