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Para “sumergirse” en un dive bar

No existe nada más gringo que un dive bar. En sus orígenes estos “sitios de mala muerte”, estas “cuevas para beber”, eran poco recomendables para cualquiera que se considerara mínimamente decente. El Diccionario Oxford, preocupado por documentarnos acerca de su historia y significado, nos cuenta que la primera vez que se usó el término dive bar fue en el New York Herald de julio de 1871, donde se le describía como un lugar “alegremente decorado en el que las señoritas dispensan refrescos a las almas sedientas”.

Estos lugares, generalmente ilegales, solían estar en almacenes o bodegas, es decir, bajo tierra, por ello se les antepuso la palabra dive, que es hundirse, zambullirse, bucear.

Los dive bars son inspiración para nostálgicos: una Play Boy de 2010 describe al dive bar como “una iglesia para los que están deprimidos y aquellos que los idealizan, un lugar extraño donde los altos y bajos se codean: vagos y poetas, ladrones y celebridades. Es un lugar que lleva su historia con orgullo.”

Pero el tiempo pasa y el concepto de dive bar ha evolucionado. Aunque conservan su historia, no son esos sitios terribles de donde no sabías si saldrías con un ojo morado o intoxicado de alcohol barato; y en los que por lo general los baños estaban destruidos. Los dive bars de la actualidad conservan algunas características de los originales (la diversidad, la decoración ecléctica y la penumbra), pero son mucho más amables, sitios de convivencia donde los amigos se reúnen para pasar un buen rato mientras beben una buena cerveza de barril, algún coctel exótico y disfrutan de un rico snack.

En EE. UU. son tan necesarios (en especial el Nueva York), que hasta tienen su día: el National Dive Bar Day, que se celebra cada 7 de julio. Si algo conservan los dive bars de hoy es su ambiente amigable, la familiaridad del trato con el bartender, la conversación entre extraños que al final se sienten hermanos, un lugar para beber a gusto, con toda comodidad y además, con música de fondo, juegos de mesa y todos esos detalles que te hacen sentir como en casa (ah, y los baños no están destruidos).

Si quieres algo parecido a lo que se vive en un dive bar neoyorkino, visita Pinche Bar y “sumérgete” en la experiencia.

 

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