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Improvisando: el nacimiento del jazz

“Si tienes que preguntar qué es el jazz, no lo sabrás nunca”, Louis Armstrong.

El origen de la palabra jazz es difícil de encontrar, las hipótesis se multiplican, pero el Diccionario Oxford ubica alrededor de 1860 el término del slang jasm, que significa energía, viveza, dinamismo. Al parecer, jasm derivó en jazz durante las primeras décadas del siglo XX, cuando adquirió una nueva connotación referente a lo sexual. Así que jazz es tanto dinamismo y vitalidad, como también excitación, sensualidad pura.

La primera vez que se vio escrita esta palabra fue el 2 de abril de 1912 en Los Angeles Times y no precisamente en una reseña de música, sino de beisbol, donde llamaban jazz curve a una pelota lanzada de forma tan enérgica que resultaba inalcanzable. Tuvimos que esperar hasta 1915 para verla asociada al género musical: “That Funny Jas Band from Dixieland”, de Collins y Harlam, fue la primera canción grabada donde apareció, aunque fuera con “mala” ortografía.

Los antepasados de la música jazz son los ritmos africanos que acompañaron a los hombres y mujeres llevados a Europa por la fuerza. Ahí, estos esclavos recibieron educación musical simplemente estando en la misma habitación donde sus amos la aprendían. Después, muchos migraron a Norteamérica y trabajaron en plantaciones, donde para vencer la monotonía del trabajo físico cantaban a capela. Así nació el melancólico blues y se sentaron las bases de lo que a principios del siglo XX se transformaría en jazz.

La cuna oficial del jazz fue Storyville, la zona roja de Nueva Orleans, plagada de prostíbulos y bares de mala muerte que olían a sexo, alcohol barato y demás fluidos que mejor ni mencionar. Ahí, mafiosos, prostitutas y delincuentes podían disfrutar del ritmo sincopado, hasta que el barrio fue demolido en 1917 y los músicos tuvieron que escapar a otras ciudades.

Así, en los años 20 el jazz se desarrolló sobre todo en Chicago y Nueva York, con agrupaciones como la Original Dixieland Jazz Band. En la década de 1940 derivó en el popular swing, interpretado por las big bands y en los 60 dejó de ser un ritmo puramente estadounidense para internacionalizarse y dar a luz una multitud de hijos (o subgéneros): el cool jazz; el bebop, que sucedió al swing y evolucionó al hardbop; el freejazz, improvisación pura; el acid, smooth y latin, así como fusiones y aportaciones imposibles de contar.

A México, tan cerca de los EE. UU., el jazz llegó por ahí de los años 20, pero fue proscrito por la “alta sociedad”, que lo consideraba música violenta, digna de vagos, borrachos y prostitutas, por lo que fue relegado a locales pequeños hasta que el trompetista Chilo Morán consiguió convertirlo en un género “de altura” al tocarlo por vez primera en 1962 en el Palacio de Bellas Artes.

Desde entonces, tras el éxito de las grandes bandas, como la de Luis Alcaraz, la cantidad de integrantes se fue reduciendo hasta formar grupos pequeños, pero que no por ello han perdido la esencia de este ritmo, donde reina la improvisación en el mejor sentido pues, como alguna vez dijo Bix Beiderbecke (el rival blanco de Louis Armstrong): “lo que más me gusta del jazz es que nunca se sabe qué pasará a continuación.”

Ahora, Pinche Gringo BBQ recupera la bonita costumbre de presentar jazz en lugares íntimos y “pecaminosos” que invitan al disfrute de todos los sentidos, ya que al mismo tiempo que saboreamos una aromática cena podemos ver, oír y sentir en todo su esplendor la música en vivo, porque en Pinche Bar, los martes son de jazz y veremos de cerquita y sin que nos cuenten a los grandes talentos de la escena nacional.

 

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